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Dime qué concha desechas y te diré cómo te quieres

Había miles de conchas esta mañana en la playa y entre todas me fijé en esta… me agaché a cogerla y cuando la tuve en mi mano me dí cuenta de que no era perfecta, le faltaba un minúsculo trozo que no había percibido desde mi altura. Noté mi sutil decepción y a punto estuve de desecharla por ser IMPERFECTA.  Me dí cuenta que esa manera dura y rápida de enjuiciar la pequeña imperfección de la concha es la misma manera con la que yo me miro y me enjuicio. Cuando algo de mí no encaja con ese “loco y neurótico” ideal construido, me califico como NO APTA, como acababa de hacer con esa concha. Así que sonreí y me llevé a esa BELLA e IMPERFECTA concha a casa para recordarme lo BELLA e IMPERFECTA que yo también soy… y volví a sonreír. Dedicado a mis bellxs e imperfectxs amigxs que me recuerdan  que lo imperfecto también es querible.